LA DEUDA HISTÓRICA DE LA CONCERTACIÓN CON LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.

Sorprendida se ha declarado la presidenta Bachelet en el acto de inauguración del Consultorio Andes debido al desconocimiento que la gente posee con respecto a, lo que ella llama, las cosas extraordinarias que el estado esta haciendo en nuestro país bajo su administración. Y digo administración porque de verdad me parece ostentoso hablar de gobierno cuando se debe pedir permiso y apoyo a la derecha para aprobar el más mínimo cambio legal que permitiera de verdad avanzar en los numerosos y tan postergados cambios que las mayorías demandan y que el país, con urgencia, necesita.

“He descubierto con preocupación que la gente no sabe nada de lo que estamos haciendo y a mi me preocupa fuertemente esto, porque estamos haciendo cosas extraordinarias”[1] ha dicho, criticando directamente los medios de comunicación que no difunden las políticas gubernamentales y que se dedican solo a mostrar los problemas que aquejan al país y los conflictos que tienen al borde del colapso al conglomerado y a los partidos de gobierno y en caída libre el apoyo a la presidenta.

[1] Miranda, Carolina. Diario La Nación. Miércoles 10 de octubre de 2007. Página 3 en “Bachelet llama a terminar con peleas estériles”.

Se olvida la presidenta de Chile, que son precisamente las políticas de los gobiernos de la concertación o la ausencia de ellas, mejor dicho, las que han contribuido a esta realidad, al no haber contribuido a la promoción y la defensa de la libertad de expresión en los últimos 17 años permitiendo que sea el mercado, mediante la ley de la oferta y la demanda, el que defina que leen, que escuchan y que ven los chilenos, llegando al extremo de ser quizá el único gobierno en el mudo que está obligado a comunicarse con sus electores, casi exclusivamente por los medios de comunicación que maneja la oposición de derecha a su gobierno, que controla casi el 95 % de los medios de comunicación en nuestro país.

No esta de más recordar que en todos estos años de supuestos gobiernos democráticos hemos visto aparecer y desaparecer revistas, diarios, periódicos, radios y canales de televisión alternativos, la mayoría de ellos, que no lograron ser rentables y que sucumbieron sin apoyo estatal alguno, en este sistema en el que todos hablan de la libertad de expresión, pero en el cual ésta solo existe acotada por un profundo sesgo económico que rige todas las esferas de la vida cotidiana en nuestro país.

Y valga la pena recordar que esta libertad con fuerte sesgo económico, no solo existe en el ámbito de la información y de la comunicación, porque en nuestro país solo tienen la libertad de viajar, de educar a sus hijos en buenos colegios, de acceder a una buena y oportuna atención de salud y a un digno sistema de transporte y de comer una dieta sana y equilibrada, por poner solo algunos ejemplos, solo los que tienen el dinero para costearlo, lo que no es mucho decir, en un país en donde la gran mayoría de la población ni siquiera alcanza a obtener un sueldo que en términos de la iglesia católica, aparezca como digno, menos si consideramos el encarecimiento del costo de la vida en relación con el estancamiento de los sueldos y salarios.

Por lo mismo, más que declararse sorprendida la mandataria debiera preocuparse de desarrollar una efectiva política de desconcentración de los medios de comunicación, con planes y programas serios para permitir el surgimiento y la manutención de los medios independientes arrebatándole al mercado todopoderoso y eterno la atribución de definir los programas y contenidos a los cuales los chilenos y chilenas podemos acceder diariamente.
Solo así podrá asegurar una efectiva y eficaz libertad de expresión y en una de esas, hasta la gente se llega a enterar de las extraordinarias cosas que está haciendo su administración y que a la luz de lo que los chilenos viven, leen, escuchan y ven, parece ser solo un cuento.

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