El Binominalismo, El Sistema Electoral de la Derecha

Sistema Binominal por Guillo

Finalmente se aclaró el panorama político chileno, confirmando lo que era un secreto a voces. En Chile no existe una derecha democrática y todos los partidos de la derecha política, siguen siendo prisioneros de “la obra” de la dictadura militar. Esto corre tanto para lo económico como para lo político y sobretodo, para aquello que guarda relación con asegurar que Chile no se salga, ni un milímetro, del camino trazado por los ideólogos de la dictadura.

Lo anterior se ha logrado mediante una Constitución de origen ilegítimo, cuya columna vertebral no ha sido modificada en lo más mínimo, a pesar de todo el maquillaje que se le ha puesto para que parezca que ha dejado de ser la constitución de Pinochet. El pilar fundamental de esa Constitución, que surgió entre cuatro paredes y que fue hecha como un traje a la medida para el dictador, lo constituye el sistema electoral binominal que permite a la derecha obstaculizar cualquier intento de cambio democrático, sin importar si ese cambio es apoyado por la mayoría de los chilenos o no.

Lo que la derecha ha conseguido con este sistema, es inmovilizar a Chile, por la vía de impedir que la discusión parlamentaria sea fiel reflejo de la diversidad de opiniones y cosmovisiones existentes en nuestro país. Se ha reducido asi, la amplitud del parlamento, y por ende, su representatividad, solo a quienes comparten el gusto por el modelo económico, sumando a uno que otro díscolo, como les dicen ahora, que con su necesario actuar dentro del sistema, terminan también legitimando al mismo.

Del mismo modo, las leyes que emanan de esa discusión parlamentaria representan al mismo espectro, que se reparte las cuotas de poder que el sistema ofrece, con el acuerdo tácito de no poner en tela de juicio nada de lo sustancial del mismo, a pesar de las elocuentes demostraciones de la incapacidad del mismo para implementar soluciones concretas a los problemas que hace ya más de 30 años aquejan a nuestro pueblo.

Así las cosas, ha quedado claro que las demostraciones de supuesta apertura de Renovación Nacional, no eran más que un show mediático de sus dirigentes, para intentar ampliar su base electoral hacia el centro político representado por quienes, temerosos de avanzar por el camino de los cambios de verdad, se comienzan a agotar de la incapacidad de la Concertación para llevar adelante un buen gobierno para todos y todas y limitan su búsqueda a pequeños cambios, dentro de la continuidad que significa la derecha.

Ha sido tal la hipocresía, que los mismos que hasta hace algunos días criticaban el proyecto del gobierno sobre partidos políticos que pretende instalar las órdenes de partido como pilares de la discusión parlamentaria, casi han despellejado vivos a los 8 legisladores de RN que se desmarcaron de la misma, para intentar demostrar al país que Piñera no mentía y que no estaba solo ni pretendía jugar con las expectativas de la gente.

Lo anterior ofrece a la Concertación dos caminos posibles. El primero es reincidir en el intento de gobernar con la política del consenso y de los grandes acuerdos, lo que constituye un verdadero peligro para la democracia porque al contrario de lo que normalmente se piensa, la política de los consensos permite que siempre una minoría imponga su visión a la mayoría permitiendo hacer solamente los cambios con los que la minoría está de acuerdo.

La otra posibilidad, es jugársela de verdad por reconstruir la más amplia alianza posible, con todas aquellas fuerzas políticas que coinciden en la necesidad de terminar, de una vez por todas, con la arquitectura institucional de la dictadura, para dar paso a una verdadera transición a la democracia a partir esta dictadura casi perfecta, en la cual, pese a las formas, la derecha sigue teniendo bajo secuestro permanente al Estado de Chile y a su pueblo.

Ahora bien, nadie duda que la propuesta de modificación del sistema electoral que ha planteado el gobierno, vaya en la línea de la política de los consensos ya que es un proyecto más cercano a la propuesta inicial de RN que al sistema que la mayoría de los chilenos aspira para su democracia. A pesar de ello, RN se ha negado a avanzar con la vieja excusa de que si no se hace exactamente lo que ellos quieren será imposible avanzar hacia donde la mayoría desea.

Esto demuestra que todas las expresiones públicas de los líderes de la derecha en favor de la democratización real del país, simplemente buscan instalar en la opinión pública, con un disfraz democrático, a quienes requieren dar, con urgencia, demostraciones de blancura si desean tener, de verdad, alguna posibilidad de ser gobierno.

Se dice que la próxima semana el gobierno volverá a introducir el proyecto, esta vez por el Senado y lo más probable es que nuevamente fracase, debido al temor que la democracia ejerce en la derecha chilena, que no está dispuesta a que sea los chilenos los que definan el curso de su propio país.

En definitiva, tras la propuesta de RN del todo a nada se concibe una forma engañosa de mantener a firme el camino trazado por la dictadura, con la cual siguen demostrado mantener una lealtad absoluta y evidente.

De la misma manera se evidencia, por parte de Piñera y sus seguidores, un desprecio absoluto por el sentir de la mayoría nacional, a la cual siguen temiendo, debido a la certeza de que no comparten su visión de sociedad y de que la única manera de mantener el sistema, es, precisamente, impidiendo que las mayorías se expresen y participen.

Esto conlleva una visión absolutamente autoritaria e iluminada pues pretenden ellos suplantar la voluntad popular, con lo cual se ponen por sobre los mismos a quienes dicen representar, actitud que quedó en franca evidencia en la respuesta negativa a la sola posibilidad de implementar un plebiscito para construir una carta fundamental que represente de verdad el sentir de la nación. El argumento fue que esto era inconstitucional como si la constitución fuera un libro sagrado y no la expresión de un acuerdo nacional, como debiera ser.

Este panorama, lejos de fortalecer los caminos democráticos, respaldan las posturas de quienes plantean que nada se conseguirá con la participación en las instituciones formales de nuestro país y cada día existirán más y más chilenos y chilenas, fundamentalmente jóvenes que se sentirán marginados y marginadas y que buscarán otras formas de hacerse notar y escuchar.

Por lo mismo es que ahora la pelota está en la concertación la que ha aprobado se supone la implementación de un pacto por omisión. Precisamente para lograra doblar a la derecha en las próximas elecciones legislativas con lo cual ni siquiera sería necesario un proyecto enmarcado en lo que quiere la derecha, por cuanto habría una mayoría clara por cambios significativos y mucho más profundos desde los cuales, sin duda, podríamos comenzar a construir el Chile que la mayoría quiere.

Hay que tener en claro esos si que si el pacto no funciona para ambos lados y son nuevamente solos los partidos de la izquierda los que cumplen con su parte del trato, lejos de avanzar hacia el Chile que queremos estaremos hipotecando lo que quizá sea la última oportunidad de detener a la derecha y hacer saltar los candados que aun permanecen desde la dictadura.

Si eso llegase a suceder y terminan pesando en el mundo de la concertación más los apetitos personales que los cambios reales que el país necesita, podremos seguir luchando 15 años más por un sistema educacional de calidad para todos y todas y por salarios justos y pensiones dignas. Demoraremos 15 años más en redefinir el rol del estado en la protección de la pequeña y mediana empresa y podrán pasar tres gobiernos más antes de que las minorías se allanen a subordinar sus intereses a la opinión de las mayorías nacionales.

Si eso llegase a suceder, que nadie reclame si cada día más chilenos abrazan la protesta social y la movilización como único recurso para hacerse escuchar. Que nadie reclame si cada día menos jóvenes participan de la política y que nadie se asombre si estas instituciones que ya están lo bastante desprestigiadas como para guiar a nuestra sociedad, comienzan a ser el verdadero lastre para el futuro de la nación.

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