Palestina Ocupada: Entre la Esquizofrenia Colectiva y La Desesperanza Aprendida

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Intervención realizada en la reunión de naciones Unidas para América Latina y El Caribe en Apoyo a la Paz Israelo-Palestina, el día jueves 11 de Diciembre de 2008.

Este es el año de los cumpleaños notables. Se cumplen 60 años del nacimiento de la potencia que hasta el día de hoy y desde su mismo nacimiento ocupa Palestina. Se cumplen 60 años también, el 10 de diciembre recién pasado, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que pretendió sentar un consenso universal acerca de los valores que la humanidad toda debía resguardar y promover.

Se cumplen, consecuentemente, 60 años de violaciones sistemáticas y permanentes a todos y cada uno de los derechos humanos contenidos en dicha declaración por parte del Estado de Israel y la única conclusión que podemos sacar es que pareciera que para gran parte de la humanidad y principalmente de los líderes mundiales, los palestinos no somos seres humanos, pues parece que no calificamos para ser considerados como sujetos poseedores de esos derechos fundamentales. No somos los únicos ignorados, pero somos quizá quienes con más argumentos disputamos el titulo de pueblo símbolo del desprecio universal por nuestros derechos.

Hoy se nos ha invitado a venir acá y exponer acerca de la situación actual de los territorios palestinos ocupados y lo más obvio sería tal vez, caer en el lugar común de contar víctimas. Recuerdo haber participado en un foro similar a este en 1990 en Buenos Aires y, desde ese entonces, poco o nada ha cambiado y si hubiera que ser riguroso, todo ha ido peor para los palestinos. Aun guardo los innumerables documentos, acuerdos y declaraciones de aquel encuentro. Hoy los estuve revisando y siento que para lo único que sirvieron, todos estos años, fue para que yo tuviera la oportunidad de revisarlos hoy y darme cuenta de lo poco o nada que hemos conseguido.

Así es. Lo más obvio sería caer en la tentación casi irresistible de enumerar una a una las violaciones, por parte del Estado de Israel, a todos y cada uno de los derechos humanos con los que todo el mundo se llena la boca pero que nadie es capaz de defender en Palestina ocupada.

Podríamos contar, por ejemplo, cuantos palestinos han muerto desde la implantación en Palestina del Estado de Israel. Cuantos han sido detenidos, simplemente por ejercer uno de los derechos fundamentales de todo ser humano que es resistir las injusticias. Podríamos contar cuántos palestinos han sido torturados y vejados sexualmente por los y las soldados israelíes. Cuántos han sido enterrados vivos bajos sus casas demolidas por los buldózer israelíes. Podríamos incluir también los datos menos vistosos y pintorescos como la cantidad de niños que no han podido recibir educación, ni salud en su propia tierra porque esta ocupada por una potencia extranjera que se ha dedicado por más de 60 años a administrar el sufrimiento propio y ajeno para conseguir sus objetivos políticos y económicos.

Para hacerlo más fácil podríamos acortar el periodo de las estadísticas y podríamos decidir tomar en cuenta, solamente, las cifras concernientes solamente a los territorios ocupados con posterioridad a 1967, dejando en la impunidad a los criminales de guerra que actuaron en la política de tabla rasa que se busco imponer en los territorios palestinos ocupados desde 1948 para hacer justicia a la mentira original que rezaba “un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo” y borrar así, de la memoria histórica, una verdad, a todas luces, imborrable: que Palestina es y sigue siendo.

Para intentar hacerlo aun menos dramático con el objeto de no centrarnos en el sentimiento de culpa que muchos debieran sentir y que pretenden salvar con su participación en encuentros de esta naturaleza, podríamos solamente contar los asesinados, los torturados, los encarcelados y los secuestrados en los 15 años que lleva el mal llamado proceso de paz que comenzó en Oslo cuando se le impuso a los palestinos el camino israelí para una paz que no sería ni justa ni duradera y que al cabo de 15 años tampoco ha sido alcanzada, mientras los israelíes se mantienen fieles a su proyecto original de seguir cambiando el status quo de los territorios ocupados, alimentando la frustración y la desesperanza, para luego justificar, en la inevitable radicalización de los desesperados, la continuación de su política de exterminio físico y político del pueblo palestino.

Para tratar de llegar a un consenso honroso podríamos, solamente, considerar las violaciones a los derechos humanos que Israel ha cometido durante el mal llamado proceso de paz de Anápolis, que prometió a todos que tendríamos un acuerdo de paz antes del termino del mandato del actual presidente de EEUU, el Sr. George W. Bush. Vaya otro plazo que ha pasado a la historia y lo único que no logra pasar a la historia son las violaciones a los derechos humanos de los palestinos en su propia tierra.

Podríamos contar solo las victimas de los últimos meses y compararlas con las víctimas israelíes de los deplorables actos de terrorismo y de los legítimos y heroicos actos de resistencia que algunos palestinos desesperados realizan, con el objeto de establecer, como le gusta a Israel, a sus cómplices y aliados, una especie de empate entre victimas y victimarios y poder defender así, la inacción y la impotencia de la comunidad internacional, en la supuesta complejidad de la Cuestión de Palestina que impide tomar acciones concretas mientras… no haya un “compromiso de las partes” de abandonar por lado y lado la violencia y el terrorismo.

Contar víctimas a estas alturas no es ya ningún aporte. No es lo que pretendo hacer hoy ante ustedes. Hoy quiero hablarles de una faceta distinta de la situación que se vive, en estos días, en Palestina Ocupada. Tampoco me refiero al muro ilegal que está levantando el Estado de Israel en los territorios ocupados y que busca convertir a palestina en un gran Gueto. Tampoco me refiero a la continuidad infame, por parte de Israel, de la política de construcción de asentamientos ilegales, en Palestina ocupada, que tantas veces se ha comprometido a detener.

Hoy quiero hablarles de dos sentimientos que son los que en realidad ahogan a Palestina.

Hoy quiero hablarles de dos rasgos culturales que se han ido anidando en los pueblos israelí y palestino hasta formar parte de su ADN y cuyo impacto son mucho mayores que todo el sufrimiento acumulado en estos 60 años de ocupación israelí, en los cuales el desprecio por la vida, por el derecho internacional y por los derechos humanos se han convertido en el sello distintivo de este excepcional miembro de la comunidad internacional que sigue siendo considerado como un miembro respetable de lo que llamamos nuestra comunidad .internacional a pesar de sus 60 años de desprecio constante por las instituciones y los acuerdos esa misma comunidad internacional.

Hoy quiero hablarles, por una parte, de la esquizofrenia colectiva que sufren los israelíes y que encuentra eco en gran parte de los gobiernos de las potencias mundiales y en la comunidad internacional.

Este enfermedad social que pareciera no tener precedentes en la historia de la humanidad ha generado una sociedad que, perteneciendo a un país que posee el triste record de ser uno de los países más condenados en el mundo por sus constantes violaciones a todos y cada uno de los derechos humanos y contando además con un ejército considerado entre los más avanzados del mundo, incluido su arsenal de armas de destrucción masiva y especialmente su no despreciable arsenal de bombas atómicas, se sienten amenazados por un conjunto de palos y piedras que obran en manos de sus victimas complementados por un par de cohetes y bombas cuyo alcance y efectividad generan más excusas que destrucción en los destinatarios de los mismos.

Parece increíble pero es cierto. A pesar de toda la destrucción y de los crímenes y del terrorismo de Estado que Israel viene cometiendo… son los israelíes los que se sienten victimas de un conflicto en el cual son ellos los únicos victimarios.

Esta alteración de la realidad no es un hecho espontáneo. Es consecuencia de una política comunicacional a escala mundial, con la cual ha sido contagiada también la comunidad internacional.

Por el otro lado, nos encontramos con la desesperanza aprendida que cunde entre los palestinos. Nos encontramos con ese sentimiento que surge como mínimo común denominador del pensamiento de una sociedad, cuando ella misma ha vivido o vive bajo la lógica de delitos permanentes en su contra, en situación, también permanente, de impunidad para los criminales.

Este sentimiento que nace de experiencias traumáticas e injustas, carencias o falta de reconocimiento a los derechos más básicos y a las pretensiones de validez del ser palestino; este sentimiento que nace de estos hechos frente a los cuales el pueblo palestino no ha podido, ni puede, ni podrá defenderse adecuadamente, lleva a desarrollar un estilo de pensamiento en el que la victima se convence a sí mismo de que todo abuso que pueda experimentar en el futuro será inevitable y estará fuera de su control y que sin embargo, ante los ojos del mundo, seguiremos apareciendo en virtud de esta enfermedad colectiva existente en el otro lado, como los terroristas y los responsables, en última instancia de nuestra propia suerte, como un Karma del cual nos resulta imposible escapar.

Ante esta realidad inexplicable, sólo nos queda resignarnos y aceptar la situación.

Este estilo de pensamiento mueve a dicha sociedad a pensar que sus acciones no tienen ni podrán tener efecto alguno (o no, al menos, positivo) sobre el sufrimiento que le rodea. Los lleva a pensar que han perdido el control sobre las situaciones y que no existe salida alguna a su sufrimiento. Ante esta realidad; ante la insoportable evidencia de que vivir dignamente se ha convertido en una utopía, para muchos, el único camino posible, por lamentable y dramático que nos parezca, es morir con dignidad.

Aparecen, entonces, los sentimientos de inseguridad, de pesimismo y de desesperanza, y la sociedad se vuelve triste y pasiva. Deja de creer y de crear. Deja de soñar y de aspirar. En síntesis, vive en una muerte anticipada. Se pierde la confianza en el medio, en la espacie y en las normas y el derecho que parecen funcionar para todos… menos para nosotros.

Esta es la situación más alarmante que se vive en palestina ocupada ahogada entre la esquizofrenia colectiva de unos y la desesperanza aprendida de los otros. Los israelíes siguen creyendo, ayudados por la comunidad internacional, que no pierde ocasión de colaborar con ellos y reforzar su vocación de mártires, que son las victimas históricas de una persecución perenne, como si los palestinos fuéramos descendientes de los europeos que generaron el holocausto. Los palestinos, por su parte, ya no le creen a nadie mientras proliferan en el mundo entero, leyes que penalizan el antisemitismo que incluye, en su versión contemporánea, toda crítica al Estado de Israel y a su política de exterminio físico y político de nuestro pueblo.

No le creen el mudo árabe ni a sus grandilocuentes discursos que poco tienen que anidiarle a los Gamal Abdel Nasser, ya que teniendo un arma económica tan letal como el petróleo, jamás ha hecho nada por presionar de manera importante a las potencias occidentales y que, sin embargo, está siempre listo a reprimir todo intento de los palestinos, que viven bajo su soberanía, de organizarse y luchar, desde su lugar, por la libertad de su patria.

Tampoco creen en los israelíes que han jugado al doble estándar permanentemente y que hablan de paz cuando viven planificando y pensando la guerra, para ganar tiempo y apostar en el largo plazo al olvido y a la resignación, mientras mantienen a su propia sociedad y a la comunidad internacional, prisionera de esta enfermedad colectiva que a pesar de todas las evidencias irrefutables; a pesar de las miles de resoluciones condenatorias; a pesar del desprecio constante por el derecho internacional y por los derechos humanos, sigue mirando a Israel como la proyección natural de las victimas del holocausto nazi y teme decir las cosas por su nombre y avanzar hacia acciones concretas que presionen de verdad a la potencia ocupante a cumplir la ley y el derecho internacional.

He quedado verdaderamente sorprendido de las generosas propuestas que he escuchado, por parte de uno de los ponentes aquí presentes, para optimizar los tiempos de desplazamientos de nuestros compradores, vendedores y productos, pero me hubiera gustado mucho más escuchar que Israel esta dispuesta, alguna vez, a terminar con el estupendo negocio que representa la ocupación, de lo que nos hemos podido percatar en la misma ponencia antes descrita. Me ha parecido más una propuesta para convertir la ocupación en un negocio sostenible aunque no sustentable.

Tampoco creemos ya en la comunidad internacional que, en el caso de otras ocupaciones mucho más cortas que la israelí, ha sido capaz de movilizar al ejército más grande que la historia haya conocido, incluso con la participación de algunos gobiernos árabes, que aun no conocen la democracia ni la libertad, para derrotar a quienes se atreven a desafiar sus intereses y los de sus aliados.

Esta esquizofrenia colectiva, esparcida por toda la tierra, inhibe al mundo entero de reconocer este nuevo crimen de lesa humanidad del cual el Estado de Israel es el único culpable de forma ininterrumpida por los últimos 60 años.

Esta esquizofrenia colectiva impide al mundo tomar acciones contra un estado paria que si tuviera cualquier otro nombre ya habría sido arrasado en nombre de la libertad y el modo de vivir occidental.

Esta esquizofrenia colectiva ha convertido a los gobiernos de la Unión Europea y principalmente de los Estados Unidos, y de una u otra manera, también a los pueblos, en verdaderos cómplices por encubrimiento y omisión de las mayores, más extendidas y dramáticas violaciones a los derechos humanos que la historia contemporánea haya conocido.

Los palestinos ya no les creemos… tampoco a ustedes, elaborando, en este foro, discursos políticamente correctos y algunos no tanto… y lo digo con todo respeto.

Ya no esperamos nada de vosotros más que un par de declaraciones al año, para salvar las buenas conciencias de quienes miran, de manera inmóvil, como los derechos humanos de los palestinos siguen siendo pisoteados sistemáticamente por los israelíes.

Incluso Chile, mi país, que discursivamente siempre apoya y reconoce los derechos palestinos, a la hora de las acciones concretas no es capaz de actuar en consecuencia. En los últimos días, incluso, se ha dado el lujo de nombrar un cónsul chileno ante el gobierno israelí con residencia en Jerusalén Oriental reconociendo de hecho la soberanía Israelí sobre nuestra tierra y enviando misiones de alto nivel a estrechar las manos de las autoridades y las relaciones con la potencia ocupante.

Ya no les creemos y lo digo con respeto, pero con impotencia y con dolor.

Yo no creo en el fundamentalismo sionista que plantea la tierra prometida como excusa para el exterminio físico y político del pueblo palestino. Tampoco creo en el fundamentalismo cristiano enseña que bienaventurados son los pobres, los que sufren y los que tienen hambre y sed de justicia, ni mucho menos en el compromiso occidental de recompensarlos después de muertos, como una forma de seguir legitimando la avaricia y la pobreza. Tampoco, por supuesto, creo en el fundamentalismo islámico que plantea que una guerra pueda ser santa, incluyendo actos de terrorismo injustificables, si se realiza para luchar contra la infamia y la hipocresía mundial.

Todos estos discursos religiosos son un conjunto de mentiras notables que conllevan una carga ideológica que pretende mantener todo como está, centrando la discusión en asuntos supuestamente religiosos que nos deparan, sin duda alguna, otros 5000 años de espera sin poder arribar a ninguna solución.

De hecho cuando hablamos de paz palestino israelí es como asumir la existencia de una guerra y lo que estamos abordando no es una guerra. Es una ocupación militar. Lo que necesitamos no es la paz. Es el término de la ocupación.

Y todo indica que mientras sigamos actuando de la misma manera como lo hemos venido haciendo en estos últimos 15 o 30 años, incluso en este tipo de foros, seguiremos obteniendo los mismos resultados.

De hecho, esta es una reunión de Naciones Unidas en apoyo a la paz Israelo-Palestina y no veo a ningún representante oficial de Israel en esta asamblea. Será porque no se sienten parte de una guerra o porque no desean abandonar el tremendo negocio que para ellos significa la ocupación. En la sala no veo enemigos ni adversarios y la paz se firma entre enemigos o adversarios.

Mientras sigamos elaborando maravillosos discursos y no seamos capaces de decir las cosas por su nombre y de tomar acciones concretas para aislar a la potencia extranjera que se ha salido, por propia voluntad, de la comunidad internacional, por el solo desprecio que ha mostrado ante sus propias normas, seguiremos obteniendo los mismos resultados.

Mientras no seamos capaces de cambiar significativamente nuestros programas de acción y no logremos convertir, de verdad, a los derechos humanos en valores sin fronteras, seguiremos teniendo los mismos resultados.

Hoy tenemos que ser aun más radicales y asumir el reto sin precedentes de mirarnos entre iguales. Sin promesas divinas, sin bienaventuranzas ni recompensas para el sacrificio y el sufrimiento.

Hoy estamos llamados a reconocer por primera vez en la historia que todos los derechos que reconocemos como inalienables para nosotros mismos deben ser extendidos a todos los pueblos de la tierra incluyendo también, como no, a los palestinos, que ya no creemos en nada y que no esperamos nada de vosotros, pero que estamos decididos a seguir luchando por dejar de ser considerados como ciudadanos universales de segunda o tercera clase.

Muchas Gracias.

[1] Intervención realizada en la reunión de naciones Unidas para América Latina y El Caribe en Apoyo a la Paz Israelo-Palestina, el día jueves 11 de Diciembre de 2008.

[2] Daniel Jadue es Arquitecto y Sociólogo de la Universidad de Chile. Es además Lic. En Gestión de Calidad de la Universidad Católica del Norte y Magíster en Urbanismo © de la Universidad de Chile.

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