Foro Social Mundial 2009: La Consolidación de la Esperanza

Presitendes del ALBA

Más de 100.000 personas de cientos de organizaciones de la sociedad civil y partidos políticos de todo el mundo, se dieron cita en la Marcha inaugural de la versión 2009 del  Foro Social Mundial, que se realiza en Belem Brasil.

En un ambiente festivo pero que al mismo tiempo no disimula la profunda preocupación por el impacto que la crisis mundial del sistema capitalista generará, una vez más, entre los pobres y los desplazados del planeta,  se respiraba, al mismo tiempo, un sentimiento de gran euforia y alegría popular por el ambiente que se vive en América Latina.

Y no es para menos. Si hace 10 años, cuando el Foro Social Mundial estaba en pañales y daba inicio a los esfuerzos latinoamericanos mancomunados para construir una alternativa, tanto al discurso único surgido después de la caída de los socialismos realmente existentes como a la forma de organización de la sociedad, marcada por la fase actual de desarrollo del sistema capitalista mundial, alguien hubiera imaginado tener como participantes a cinco presidentes de América Latina, todos hubiéramos dicho que era parte del voluntarismo propio de los movimientos sociales y de los partidos tradicionales de la izquierda de nuestro continente, acostumbrado desde siempre a soñar con un futuro mejor, aunque este aun no fuera siquiera visible y tampoco estuviéramos en condiciones de construirlo.

Pero si además, alguien hubiera osado imaginar que de esos cinco presidentes, uno sería un indígena, otro un obrero metalúrgico, otro un ex sacerdote partidario de la teología de la liberación, otro un economista graduado en EEUU pero de izquierda y por último un militar latinoamericano, también de izquierda, sin duda todos hubieran estado de acuerdo en que era solo un sueño de algún loco incapaz de leer y reconocer el fin de la historia y la supremacía infinita de los postulados de los defensores del modelo capitalista.

Sin embargo, diez años después, ese sueño impensable se ha hecho realidad y todo indica, al parecer, que América Latina no solo vive una época de cambios, sino más bien un cambio de época.

Así es, el despertar de los pueblos latinoamericanos – no de todos por cierto – y el creciente protagonismo que este ha decidido tomar en el escenario de su propia historia contrasta fuertemente con las décadas anteriores caracterizadas por la existencia de dictaduras militares o gobiernos de transición impotentes que fueron cooptados por los defensores del modelo negándose incluso a dar la discusión sobre las alternativas posibles.

Gracias a ello comienzan a quedar en el pasado los años en donde las superestructuras de dominación mundial utilizaban nuestro continente como el laboratorio privilegiado para el diseño y la implementación de las políticas neoliberales que se convertirían en símbolo del deber ser de las políticas de Estado en las décadas de los 80s y los 90s.

Hoy, la subordinación de la naturaleza y el medio ambiente a los intereses económicos de unos pocos esta siendo reemplazada por una visión integradora y sustentable del desarrollo de nuestros pueblos.  Hoy la discriminación en contra de los pueblos originarios está dando paso a la construcción de Estados plurinacionales con reconocimiento, respeto y espacio para el desarrollo de las distintas cosmogonías que conviven en nuestros territorios.

Hoy la apertura unilateral a los mercados mundiales es reemplazada por la integración latinoamericana y el privilegio de un intercambio justo entre las naciones.  Las privatizaciones que  encarecieron los servicios básicos enriqueciendo a pequeños grupos o a grandes transnacionales y empobreciendo a millones de seres humanos dan paso a la nacionalización de los recursos naturales de los países elevando los mismo al nivel de derechos constitucionales.

Hoy la destrucción del estado de bienestar y el fortalecimiento del Estado como instrumento de dominación de clase mediante la desvinculación del mismo de las demandas sociales están siendo reemplazadas por democracias basadas en una participación temprana, vinculante y protagónica y salvo en países como Chile, Perú y Colombia, la criminalización de la protesta social da paso al respeto a todos los derechos humanos y principalmente al de libertad de asociación, información y a la libre expresión.

Por último, la absoluta libertad al movimiento de capitales y la extensión a todas las áreas de la vida cotidiana de las leyes, todopoderosas y eternas, del libre mercado comienzan a dar paso a la libertad plena de todas las personas y a la subordinación del mercado a la discusión acerca de la felicidad humana y el respeto a los derechos fundamentales de todos y todas.

Afortunadamente, todas estas ideas que fueron impuestas por la fuerza de las dictaduras militares  implantadas por EEUU en toda América latina, generando un aumento significativo de la brecha entre ricos y pobres, instalando la exclusión social y la segregación en nuestras sociedades y promoviendo una descapitalización de nuestros países que avanzó de la mano con la destrucción de nuestro medio ambiente y de los servicios ambientales que de este derivaba, han comenzado ha quedar en el pasado.

Al mismo tiempo y sin mirar atrás, ni con temor ni con nostalgia, una parte cada vez más importante de nuestra América Latina se encamina a pasos agigantados hacia la construcción de ese otro mundo posible, que hoy tiene forma de Socialismo del Siglo XXI y que en virtud de esta nueva crisis del capitalismo se hace además, necesario y urgente.

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