EEUU, Cuba y la Cumbre de Las Américas.

chavezobama

Una tremenda expectación sumada a la esperanza de transformaciones profundas ha generado en muchas y muchos habitantes de nuestro continente el cambio de discurso del presidente de los EEUU con respecto a la relación que espera desarrollar, de ahora en adelante, con los pueblos y gobiernos de América Latina.

Uno de los elementos que, en este sentido, ha llamado poderosamente la atención y ha generado tremendas expectativas acerca de un nuevo trato, esta vez, entre iguales, son los supuestos “gestos” que el mandatario ha hecho en la dirección de relativizar el bloqueo a Cuba, una de las más absurdas e inhumanas políticas que el Imperio ha sostenido por espacio de 47 años hacia uno de los países más solidarios y emblemáticos del continente, en un intento grotesco por socavar su sistema político y económico.

Ahora bien, para poder entender y valorar en su justa medida estos gestos hay que sincerar, al menos, el debate que ha existido en torno a Cuba y a su modelo de desarrollo, para saber si efectivamente son señales de cambio hacia Cuba o simplemente son un reconocimiento explicito del fracaso, político, ético y moral de una medida que no tiene justificación alguna y que ha marcado profundamente las relaciones de EEUU con el resto del continente americano, por el profundo contenido de un afán de dominación y nula aceptación por parte de la primera potencia continental, de cualquier intento por desarrollar un camino propio al interior de este continente, fuera cual fuera el país o pueblo que lo protagonizara.

Me interesa, por lo mismo, compartir con ustedes algunas observaciones y reflexiones que los acontecimientos recientes me han inspirado con el objeto de aportar a ese sinceramiento. Pero sobretodo me interesa contener las expectativas infundadas, a mi parecer, que se pudieran generar, a partir de la llegada al gobierno de los EEUU de Barak Obama, lo que en algunos círculos autodenominados progresistas han querido leer como un cambio de época más que como una época de cambios dentro de la continuidad, en una política de dominación, de alcance mundial, de la cual EEUU, aun no logra despojarse.

La primera reflexión que se me viene a la cabeza, analizando el levantamiento de las restricciones para viajar y enviar remesas a la Isla por parte de los ciudadanos norteamericanos, algunos de ellos, de origen cubano, es que este levantamiento nada tiene que ver con un cambio de postura del actual gobierno de EEUU con respecto al respeto que Latino América ha demandado históricamente por la autodeterminación de los pueblos y la no injerencia en los asuntos internos de las naciones, sino con un reconocimiento explícito del fracaso de las mismas medidas y con un cambio de posición del gobierno de EEUU con respecto, quizá, a las libertades individuales de sus propios ciudadanos, a los cuales, por más de 45 años, les ha conculcado el derecho de hacer con sus vidas y con su dinero lo que ellos quieran, prohibiéndoles viajar a un país determinado, con el pretexto de defender los derechos humanos y la democracia.

Con respecto a este cambio histórico del gobierno de los EEUU en relación a las libertades individuales de sus propios ciudadanos, lo único que se me viene a la cabeza es una profunda alegría por el incremento en las mismas y en el respeto a los derechos fundamentales de aquellos que hoy podrán tomar sus propias decisiones, libremente, sin la coacción ni las prohibiciones arbitrarias de un gobierno que se dice democrático.

La segunda reflexión que me viene a la cabeza y que busca sincerar el debate, es asumir de una vez por todas que las motivaciones que EEUU ha tenido durante todos estos años para imponer el bloqueo a Cuba mediante un conjunto de restricciones a las libertades de sus ciudadanos, empresas y de las empresas del resto del mundo que deseen comerciar con EEUU, no ha tenido ni tiene nada que ver con los derechos humanos ni con la democracia.

Prueba de lo anterior, es que durante los mismos años que ha durado el bloqueo y las restricciones mencionadas, los EEUU de Norteamérica, tanto con gobiernos demócratas como con gobiernos republicanos, han sostenido relaciones verdaderamente privilegiadas con regímenes sobre los que ni siquiera existe una discusión ideológica acerca de su desprecio absoluto por la democracia y los derechos humanos; han destruido democracias en varios lugares, a lo largo y ancho del planeta, para instalar dictaduras militares y han defendido en los foros internacionales y en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con su derecho a veto, a los países más condenados en el mundo por violaciones a los derechos humanos. Ejemplos de lo anterior hay de sobra pero solo para no olvidar podemos mencionar las dictaduras latinoamericanas, el Estado de Israel, las monarquías absolutas y las democracias formales del Mundo Árabe, etc.

La tercera reflexión es con respecto al alcance de los derechos humanos y la preocupación selectiva y arbitraria que se pretende instalar en el imaginario colectivo para argumentar a favor de esta mentira original, que pretendía justificar ante al opinión pública mundial, una política que en verdad estaba orientada a chantajear y castigar al pueblo cubano, por haber decidido apartarse del lugar que EEUU le tenía reservado como espacio privilegiado para el descanso, el ocio y el derroche de sus clases dominantes y para que evaluara el impacto directo de su apoyo al proceso revolucionario que liberó a Cuba de una de las más crueles dictaduras que recuerde la historia de América Latina y que los gobiernos de EEUU apoyaron con tanto entusiasmo, podía significar.

Y planteo lo anterior por el hecho de que si bien Cuba presenta niveles discutibles, desde distintas posisciones ideológicas, de respeto a los derechos humanos que guardan relación con la libertad de expresión y asociación, presenta, al mismo tiempo, niveles inigualables, incluso para los mismos países que critican a Cuba, en derechos humanos tan esenciales como los primeros y que son los relacionados con el trabajo, la salud, la educación, la vivienda, el deporte, la cultura y la igualdad de deberes y derechos además de una protección social que ya se quisieran los habitantes de otros países en estos tiempos de crisis.

Ahora bien, las deficiencias que Cuba tiene en las materias concernientes a los que se conocen como derechos de primera generación, podrían explicarse en buena medida, por lo que significa para un país diminuto, vivir a lado de una potencia mundial que ha declarado ser su enemigo público número uno y que no ha escatimado esfuerzos ni recursos para derrocar a su gobierno, recurriendo incluso a elementos internos del país a los que ha dotado de recursos sin límites para lograr sus objetivos, incluso promoviendo desde su territorio, atenados y crímenes contra el gobierno cubano y contra su pueblo. Y lo digo con el derecho que me da ser chileno de origen palestino y saber de primera fuente, a lo que es capaz de llegar EEUU, para asegurar su hegemoía mundial e impedir el surgimiento de un modelo alternativo de desarrollo, violando todos y cada uno de los derechos humanos, de cualquier pueblo del planeta que no se someta a sus designios, a través de sus agentes externos diseminados por toda la faz de la tierra.

De hecho, la discusión acerca de los derechos humanos en el mundo resulta más complejo mientras no se de un debate acerca del verdadero alcance de la democracia y de los derechos humanos a nivel planetario, estableciendo estándares que debieran ser exigidos a todos sin discriminación de ningún tipo, puesto que no resulta muy presentable que siempre se juzguen a un número determinado de países por supuestas violaciones a un número limitado de derechos humanos individuales, con el afán de condenarlos mundialmente, para intentar destruir sus modelos de desarrollo porque no son de nuestro gusto, mientras el mundo entero acepta las mismas acciones, e incluso peores, a países amigos de quienes parecen ser los elegidos, nadie sabe por quien ni como, para constituirse en la medida de todas las verdades a nivel mundial.

Quiza el ejemplo más emblemático de este doble estandar sea las diferencias de reacción que han generado a nivel de las potencias mundiales, los programas nucleares de Iran y Corea del Norte, por una parte y el de Israel, que posee bombas nucleares hace ya varias décadas, por otra.

Otra reflexión me nace al evaluar lo sobredimensionado que en el discurso está el respeto de algunos a las libertades de carácter económico por sobre os derechos individuales de las personas ya que me parece discutible el gradode la libertad que poseen los ciudadanos norteamericanos o chilenos para viajar por donde quieran, para elegir lo que consumen o como educan a sus hijos, o como cuidan de su salud y de su desarrollo cultural y deportivo. Lo planteo porque esa libertad, al menos en lo que yo conozco de los países capitalistas, incluido el nuestro, por supuesto, solo está reservada para el 10 o 15 % más rico de la población y a costa, precisamente, de que el 85% restante viva en una situación bastante precaria y sin ninguno de los derechos de segunda generación de los que los cubanos gozan sin discriminación, asegurados por nadie.

Finalmente, parece ser un tema de prioridades y valores. Hay personas y pueblos que pueden prescindir de determinados grados de libertad en virtud de que toda la población tenga asegurados sus derechos sociales y económicos y hay personas y pueblos que incluso están dispuestos a convivir con niveles inhumanos de pobreza y desigualdad contal de que una pequeña parte de la población pueda disfrutar de todo lo que desee.

Ahora bien. Se hace necesario también abandonar los lugares comunes en que la propaganda norteamericana ha hecho caer a gran parte de la opinión pública mundial con objeto de desacreditar a un país cuyo único pecado es rebelarse contra el discurso único, tanto económico, como político y social que la potencia continental ha tratado de imponer; como aquel que habla de que en Cuba no hay elecciones.

La verdad es que en Cuba hay elecciones. Claro no son elecciones organizadas en torno a los principios capitalistas o neoliberales. No hay campañas millonarias y si bien hay un único partido que tiene existencia legal, lo que puede ser definitivamente cuestionable, cualquier ciudadano puede presentarse a las elecciones de su barrio o distrito y posee, en virtud de su compromiso con su sociedad y con su barrio, las mismas oportunidades de salir elegido, que cualquier candidato, sea este del partido o no. En otros países, dos o cuatro partidos nombran a todos los candidatos y no existe posibilidades reales, salvo en casos exepcionales de que alguien sea elegido fuera de esos partidos que además, son todos partidarios del mismo sistema político y economico.

Como si fuera poco, en algunos países capitalistas, incluido el nuestro, pasan otro tipo de cosas que son tanto o más cuestionables que aquellas que acontecen en Cuba. Un ejemplo de ello nos lo ofrecen EEUU y Chile, en donde pueden ganar las elecciones los candidatos que tiene menos votos, como ha pasado con diputados y senadores que solo han sido elegidos en virtud del arrastre que genera un sistema electoral diseñado en dictadura, o como sucedió con las penúltimas elecciones norteamericanas que debido al sistema de los grandes electores, que virtualmente hacen desaparecer los porcentajes de representación de las minorías, fue reelegido Mr. Bush en vez de All Gore, lo que nos costó varias guerras imperialistas, cientos de miles de muertos y una crisis financiera y económica de la cual no hay como escapar.

Otro ejemplo proviene de un aspecto en el que el sistema electoral cubano parece mucho más democrático que en aquellos países en donde para ser candidato hay que tener varios cientos de miles de dólares para tener alguna oportunidad de salir elegido, lo que lo hace casi imposible para alguien que no sea parte de ese 10 % más rico de cada país con honrosas excepciones que solo vienen a confirmar la regla.

Por lo mismo afirmo que si bien en Cuba no hay elecciones como las de los países capitalistas, hay elecciones cuya representatividad y profundidad democrática son discutibles, por cierto, como lo son las elecciones de todos los países del mundo.

Lo importante es definir si las diferencias de sistemas electorales y políticos o las diferencias de prioridad que determinadas sociedades le otorgan a los derechos humanos relacionados con las libertades económicas individuales de pequeños grupos de poder, por sobre los derechos de todos y todas a tener seguridad social, salud, educación, viviendas dignas y trabajo, son razones suficientes para que un país se arrogue el derecho de atentar contra los gobernantes de un país, de financiar actos de sabotaje y atentados contra la vida de terceras personas, etc.

Si EEUU quiere demostrar que hay un cambio en su forma de mirar a América latina, debiera partir pidiendo disculpas por todas las décadas de nefasta intervención en los asuntos internos de todos nuestros países. Acto seguido podría hacer un par de gestos unilaterales hacia Cuba para demostarar de verdad que desea partir de cero enlas relaciones con los países latinoamericanos. El primero de ellos sería levantar sin condiciones el bloqueo y separar las relaciones económicas de las diferencias políticas como lo hace con China que posee un sistema plítico asi identico al cubano, para no ensar que a Cuba se le trata asi solo porque no tiene una importancia económica para EEUU. El segundo gesto, que sería bastante elocuente, podría ser dejar en libertad a los cionco patriotas cubanos que están presos en las cárceles de EEUU por desbaratar y dejar al descubierto, entregando los antecedentes al mismo gobierno norteamericano, la red terrorista anticubana que funcionaba en EEUU, con el apoyo del gobierno, con el objeto de derrocar al gobierno de Cuba, ya que su único pecado fue dejar en vergüenza al sistema de seguridad norteamericano, el que fue infiltrado hasta sus más altos niveles por un grupo de revolucionarios que no cometieron jamás ningún delito.

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