Si la hipocresía matara…

No lo puedo creer. Leo una y otra vez la columna de los senadores Allamand y Walker desde Venezuela y siento impotencia y rabia de ver la desfachatez de dos políticos chilenos que lo único que buscan es desprestigiar el proceso venezolano para evitar que miremos las alternativas al modelo que ellos vienen administrando en conjunto, desde la dictadura.

Lo primero que llama la atención, es la mención a las razones que la oposición venezolana adujo para no participar de las últimas elecciones legislativas. Afirman, sin dar prueba alguna, que no habían garantías pero no mencionan que el proceso fue reconocido, más tarde, como absolutamene limpio, lo que llevó a la misma oposición a reconocer su error al no participar.

Lo segundo que impresiona y molesta, es cuando se refieren a la supuesta ingeniería electoral de Chávez en donde, según ellos, las fuerzas chavistas, con solo superar el 40% del umbral de los votos puede acceder a casi un 60 % de los diputados. Les parece inaudito que 12.000.000 de electores elijan a 86 de los miembros del parlamento mientras los 5.000.000 restantes, eligen a 76. Cabe recordar acá que en el Chile de Allamand y Walker, a la derecha le basta superar el umbral del 33% de los votos para quedarse con la mitad del parlamento, excluyendo a quienes no llegan al 33% de ambas cámaras. Y mientras 7 millones de chilenos, residentes en la Región Metropolitana, eligen a 4 senadores; 156.502, residentes en la XII Región, eligen a 2. Notable.

Luego se refieren, con evidente antipatía, a la concentración de medios en manos del estado venezolano, aunque no mencionan que la mayoría de los mismos fueron recuperados por no cumplir las leyes del país en el que funcionan y que actualmente están en manos de organizaciones comunitarias. Por otra parte, también se les olvida que más del 50 % de los medios son privados y se encuentran, claramente a disposición de la oposición venezolana. Será que los senadores no se han enterado que en nuestro país, el 95 % de los medios nacionales pertenecen a dos o tres familias, todas ligadas a la derecha más conservadora, enemiga acérrima de la libertad de expresión y cómplice del cerco mediático existente en Chile para todo pensamiento alternativo al modelo que la misma derecha impuso en nuestro país de la mano de la dictadura y de estos adalides de la libertad de expresión.

Por último, se arriesgan con un vaticinio que trata de convertir un triunfo electoral en derrota, acusando a Chávez de intentar gobernar por decreto y manipular mañosamente las reglas electorales, pero reconociendo implícitamente que obtendrá, por novena vez, una gran victoria electoral, que marcará la consolidación de la democracia participativa y protagónica que el proceso viene impulsando desde sus inicios.

Afortunadamente al final del artículo, al menos, reconocen sin antes dejar lanzada la posibilidad de un posible fraude electoral, la normalidad democrática y la gran participación de los venezolanos en las elecciones, que al parecer marcará un récord a pesar de que el voto en Venezuela es voluntario e incluye a los venezolanos residentes en el exterior, dos cosas que en Chile, aun ni siquiera podemos practicar.

Si la hipocresía matara, Walker y Allamand se habrían suicidado en defensa propia.

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