Si la hipocresía matara (acto segundo)

Tarde, y con el doble estándar que los caracteriza, los que impusieron el modelo económico de la mano de la dictadura, se han manifestado preocupados porque la caída del tipo de cambio ya que estaría, según ellos, poniendo en jaque al sector exportador y por ende al modelo económico chileno casi en su totalidad.

El desplome de la moneda norteamericana, han dicho los representantes de la derecha, esta amenazando en su existencia nuestra economía exportadora y esta agravando la situación de algunos sectores productivos en Chile, como la agricultura, en una forma que puede ser irremediable. Se olvidan de la responsabilidad que a su sector le corresponde en la implementación, en Chile, de un modelo económico absolutamente dependiente de la exportación de materias primas, sin valor agregado; con pobre impacto en la creación de trabajos estables y de calidad; y enfocado sólo a la la generación de utilidades que a partir de la economía primaria obtienen los grandes empresarios del sector y la transnacionales avecindadas en nuestro país.

Comienzan a sentirse, por lo mismo, los llamados a intervenir para remediar el asunto y salvar al sector, olvidándose hipócritamente, de la defensa que el mismo sector dice hacer siempre de la libertad con que el estado debe dejar funcionar al todo poderoso y eterno mercado, negándose permanentemente a cualquier intervención para corregir las imperfecciones propias de un modelo. Modelo, según ellos, perfecto, cuyas leyes, en la practica, pocas veces funcionan. Se muestran por fin como son: Capitalistas cuando hay utilidades y tremendamente estatistas cuando sus utilidades peligran.

Para compensar este efecto, insisten en que el Gobierno debe contener y reducir el gasto, es decir, deje de atender las necesidades sociales para proteger a los pobres grandes empresarios que, cuando la libre competencia no los favorece, vuelven a mirar al Estado para pedir socorro y se olvidan de que, según sus propias aseveraciones, son ellos el motor fundamental de la economía.

En este caso la responsabilidad recae exclusivamente en quienes han optado por un sistema económico de apertura global, tremendamente vulnerable a las turbulencias económicas mundiales y que ha dejado en el olvido la segunda fase exportadora, tantas veces prometida. Se renunció así a desarrollar fuerza propia tanto para asegurar el funcionamiento de la economía como para fomentar un sector industrial capaz de agregar valor a nuestras materias primas, objetivo para el cual Chile posee características formidables.

Claro que para ello debiéramos partir contando con una clase política y empresarial con visión estratégica y centrada en un proyecto nacional de desarrollo, al servicio de Chile y su gente, con justicia social, igualdad de oportunidades, democracia y equidad y no con una casta de actores políticos y empresariales solo centrados en su reelección y en la rentabilidad individual o familiar de corto plazo.

De la misma manera, debiéramos exigir a los actores políticos que tengan un mínimo de coherencia entre sus postulados y sus propuestas, porque tratar de estar siempre del lado en donde calienta el sol es una mala costumbre que desprestigia la política y desmotiva, sobre todo, a las nuevas generaciones, a participar activamente en ella.

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