Crisis en el mundo arabe, el inicio del fin del colonialismo occidental

Desde la Primera Guerra Mundial, las potencias occidentales se repartieron el Medio Oriente y el Norte de África en zonas de influencia para usufructuar de sus recursos naturales y mantener bajo control la región. Lo hicieron primero a través de mandatos y luego mediante gobiernos títeres que bajo la forma de monarquías absolutas, tiranías disfrazadas, simples dictaduras o ocupaciones extranjeras como en el caso de Palestina, les aseguraron que los pueblos árabes se mantendrían a raya para no estropear sus intereses económicos y geopolíticos en la región.

A cambio, occidente en su conjunto se tapó los ojos y toleró y, en algunos casos, promovió sistemáticas violaciones a los DDHH y a los Derecho Colectivos de los Pueblos mientras construía relaciones de poder y dominación con las clases dominantes que, tendrían todo a cambio de constituirse en estados agentes y clientes.

Durante más de medio siglo hicieron la vista gorda sobre lo que sus amigos hacían con los pueblos árabes, llegando al extremo de construir sociedades tremendamente fracturadas y segmentadas en su interior en algunos de los países más ricos del mundo, permitiendo que sus reyezuelos se gastaran millones de dólares en las tiendas, en los casinos y en los burdeles de occidente mientras sus pueblos se empobrecían y sufrían hasta la muerte.

Los ayudaron a construir aparatos de seguridad nacional, redes de espionajes y completos sistemas de sojuzgamiento mediante encarcelamientos administrativos, torturas y asesinatos masivos y nunca dijeron una palabra para criticar las sistemáticas y permanentes violaciones a los derechos humanos y fraudes electorales que uno tras otro se sucedieron, durante décadas.

Hoy se sienten impresionados y tratan de limpiar sus conciencias haciendo llamados a la calma y a dar respuesta a las demandas democratizadoras de los pueblos árabes, mientras siguen brindando todo el apoyo a los dictadores.

El ejemplo más patético es el apoyo norteamericano al nombramiento que Mubarak, en Egipto, ha hecho de su ex jefe de seguridad Omar Suleiman como vicepresidente de la nación en su supuesto renovado gobierno. Es como si Pinochet, en su obstinación por mantenerse en el poder pero tratando de demostrar su voluntad de enmendar el rumbo, hubiera nombrado como vicepresidente al Mamo Contreras.

Al parecer en medio siglo no han aprendido nada y no se cansan de abusar de la paciencia de pueblos que lo único que reclaman es poder escoger, de manera libre y soberana, colectiva y mayoritaria los caminos que sus sociedades deben adoptar para proveer democracia, desarrollo, bienestar, integración y respeto a los derechos humanos y a los derechos colectivos de los pueblos en sus respectivos países.

Es de esperar que los gobiernos árabes se allanen a respetar, por primera vez en su historia, los derechos humanos y los derechos colectivos de sus pueblos, y se abstengan de seguir usando la fuerza para impedir los cambios por los que sus mayorías nacionales se vienen manifestando sin resultados durante décadas.

Es de esperar también que las potencias occidentales enmienden el rumbo y presionen a estos gobiernos, completamente antidemocráticos, para que permitan un pacífico tránsito de la región hacia gobiernos verdaderamente representativos de sus pueblos y de sus propios intereses y no caigan en la tentación permanente de cerrar los ojos y adoptar un silencio cómplice para tratar de restablecer, a cualquier costo y en el menor tiempo posible, su influencia y su poder en la región, mediante renovados pero viejos gobiernos.

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