Nuevo PRMS ¿Proyectar o Planificar?

La semana recién pasada el Gobierno Regional Metropolitano de Santiago, una vez más, a espaldas de la ciudadanía, pero alineados completamente con los intereses de las grandes inmobiliarias, aprobó la incorporación de 10.000 nuevas Há a las zonas urbanizables de la RM de Santiago, en lo que podría definirse, sin temor a equivoco, como una muestra más de la continuidad de las políticas urbanas que durante 20 años mantuvieron los gobiernos de la Concertación.

Respondieron así, a la furiosa campaña comunicacional y a las públicas presiones, de destacados profesionales neoliberales y de representantes de las grandes inmobiliarias y del sistema financiero, desatadas después del rechazo del mismo, en junio del año pasado. A través de esta campaña, se dedicaron a asustar a la población con el supuesto encarecimiento de los precios del suelo y de las viviendas, si es que éste no era aprobado a la brevedad. Se habló incluso de que ya no quedaban terrenos disponibles para viviendas sociales, llegando incluso a jugar con las expectativas de los más vulnerables

De esta manera, el mercado nos ha impuesto otra de sus profecías auto cumplidas y nos llevará a que la RM llegue a 8 millones de habitantes dispersos en un territorio no planificado que consumirá 10.000 nuevas hectáreas de suelo rural, gran parte del cual ya se encuentra en manos de las mismas inmobiliarias que se la jugaron por la aprobación.

En su desvergonzada campaña, incluso han hablado a nombre de “la gente” y han afirmado que los habitantes futuros de la RM están dispuestos a viajar y pagar más y ver mucho menos a sus familias por vivir en una casa con más terreno y cerca de la naturaleza.

Curiosa tesis que lleva a pensar, a quien no conoce la realidad, que las poblaciones de Pudahuel Sur, Quilicura, Puente Alto, entre otras, hubieran acercado a las familias de nuestra capital a un mejor vivir y a un mayor contacto con la naturaleza.

Lo que estos “expertos” callan, es la gran diferencia que existe entre proyectar y planificar. Mientras el primer término, solo se preocupa de constatar las tendencias sociales y del mercado y tomar decisiones sin cuestionar si estas son buenas o malas, el segundo, aborda las mismas, incorporando otras variables que contemplan aspectos sociales, culturales, políticos y medioambientales, desde una mirada critica.

De esta manera, la planificación intenta ordenar el territorio, hacia un futuro mejor para todos los habitantes, o en su defecto, desechar una decisión que puede contraproducente o cargada de externalidades negativas, que la sociedad no es capaz de asumir y corregir de manera colectiva, cosa que no hace la proyección simple y pura, que se dedica a asumir las tendencias como si estas fueran un hecho irreversible.

Desde 1979, con la Política Nacional de Desarrollo Urbano de la época, en nuestro país solo hemos asistido a procesos de proyección territorial incapaces de cuestionar nada de lo que ha ocurrido durante todo este período. De hecho, hace ya treinta y dos años que el libre mercado nos viene prometiendo una mejor ciudad y sin embargo, la que ha entregado, ofrece una, cada vez, peor calidad de vida a sus habitantes y favorece el centralismo y la concentración de la que tanto se habla pero sin hacer nada para remediarla.

Lo cierto es que el mercado no ha logrado en 33 años construir barrios equipados y de carácter autosuficientes y en cambio, ha extendido una ciudad fragmentada y segmentada en donde coexisten el derroche y la escasez, el ocio y la superexplotación, la salud y la enfermedad, la acumulación y el empobrecimiento paulatino.

Como si fuera poco, en la ciudad del mercado cada porción de territorio posee una oferta de servicios equivalente a la que la demanda puede pagar, existiendo barrios en donde los que más tienen encuentran de todo en oposición a otros en donde los que menos tienen no encuentran nada.

Al mismo tiempo, el valor del suelo ha seguido subiendo y el promedio de viajes diarios por persona se ha más que duplicado, de la mano de las millonarias utilidades de los inversionistas que abogan por más suelo para seguir construyendo una de las ciudades más ineficientes, congestionadas y contaminadas del mundo.

Sería bueno que los Consejeros regionales que votaron por aprobar el nuevo PRMS, le explicaran a la ciudadanía, por qué Santiago habría de seguir creciendo en extensión cuando tiene mucho más de 10.000 HÁ en torno a su centro fundacional, en comunas como Quinta Normal, Lo Prado, Pedro Aguirre Cerda, Recoleta e Independencia, con un nivel de abandono y deterioro inexplicable y que podrían absorber el crecimiento de Santiago en los próximos treinta años, con un inmejorable acceso a infraestructura, servicios básicos y con una disminución significativa del tiempo empleado en desplazamientos que podrían favorecer el desarrollo de todas las familias de nuestra sociedad.

La respuesta que puedo aportar es simple: las utilidades de hacer negocios inmobiliarios en los terrenos de las comunas pericentrales de Santiago son significativamente menores que las obtenidas en aquellos lugares periféricos en donde el valor de la tierra es menor. Como si fuera poco, el margen que los dueños de estos últimos terrenos, lograrán solo por el hecho del cambio de uso de suelo, es un negocio al que pocos logran resistirse.

Llama la atención, por lo mismo, que en todo este debate solo hayan hablado públicamente los expertos en proyección urbana, los especialistas en economía y los representantes de las empresas inmobiliarias, a través del oligopolio de la prensa nacional, en desmedro de la opinión de los planificadores, académicos y dirigentes sociales que, desde el retorno a la democracia, vienen planteando la necesidad de contener e intervenir la ciudad con miras a generar equidad urbana, antes de que esta siga creciendo sin dios ni ley, solo regida por todopoderosa y eterna ley de la oferta y la demanda.