Cinco años y nada

Cuando se aprobó la ley de responsabilidad penal juvenil me tocó asistir a un debate televisivo en donde los defensores de la iniciativa legal planteaban que no era solo una rebaja en la edad para que nuestros niños y jóvenes pudieran ir a parar a la cárcel, si no que la ley contemplaba todo un nuevo sistema de prevención, mediante el cual se pondrían los énfasis en la rehabilitación y no en la coerción.

Han pasado cinco años ya de la entrada en vigencia de dicha ley y no hay ni rastros de aquel sistema completo que permitiría asumir en parte, la responsabilidad que tenemos como sociedad por la situación en la cual crecen nuestros niños, en este modelo económico que algunos tanto defienden.

Dicha ley que se implementó sin tener lo básico para que pudiera respetarse el “espíritu” de la misma y aun no hay rastro de la infraestructura necesaria para albergar procesos de rehabilitación/reinserción y el único resultado concreto, es que hemos violado, aun más, los derechos de nuestros niños y niñas tratándolos como sujetos peligrosos en vez de protegerlos, que es lo que toda sociedad desarrollada hace.

Los hemos encerrado a ellos para proteger a una sociedad que no es capaz de protegerse de sí misma y de los problemas que genera.

Hoy lo vuelvo a plantear como en aquella oportunidad, nada más simple y básico para abordar un tema complejo que ir a lo obvio. A los lugares comunes que todos repiten sin siquiera pensar en lo que se afirma.

Resulta increíble. En nuestro país nadie se siente responsable de que los padres de nuestros niños y niñas de más escasos recursos no puedan dedicar el tiempo suficiente a sus hijos porque deben salir a trabajar ambos y en jornadas que pueden llegar a las 12 horas diarias.

Nadie se siente responsable al ver cómo nuestros jóvenes y niños tienen que trabajar para ayudar a sus familias para subsistir.

Nadie se siente responsable de verlos en las calles pidiendo limosnas, estacionando autos o haciendo de malabaristas para “hacer unas monedas” cuando no han llegado aún a la desesperación que los lleva, de la mano de algunos inescrupulosos, a la prostitución infantil.

Nadie se hace cargo de que se eduquen en la calle, porque las viviendas que entrega el Estado son tan básicas y mal ubicadas, que ni siquiera alcanzan a acoger las actividades propias de cualquier niño, por lo que la calle termina siendo “su lugar” en esta sociedad.

En nuestro país, este país modelo para tantos y tantas, nadie se siente responsable ni se hace cargo de la pésima educación que tienen nuestros niños y niñas y que los condena a sueldos miserables por el resto de sus vidas, mientras ven por televisión, el mundo de los ricos, que siguen amasando sus tremendas fortunas y asegurando a sus hijos y nietos por varias generaciones.

De esta manera, violando todos los derechos humanos de los niños y niñas, en este, mi país, hemos optado por mirarlos, no ya como sujetos de protección social sino como sujetos peligrosos que atentan contra el orden establecido y pretendemos encarcelarlos incluso si es que salen a protestar por mejor educación, más salud, cultura y recreación.

Ahora podemos verlos en cárceles especialmente preparadas para ellos, y que como todas las cáceles, terminaron teniendo más población penal que la tolerable y se convirtieron en escuelas del crimen y tierra fértil para el odio y la anomia social, mientras algunos legisladores comienzan a preocuparse de los “delitos” de los menores de 14 años.

¿Cuáles serán las propuestas de los defensores del sistema neoliberal?

¿Terminaremos bajando la edad de responsabilidad penal a los 12, a los 9 o a los 5 años, para evitar que estos “criminales en potencia” pongan en peligro a una sociedad que no es capaz de darles ni la más mínima cuota de seguridad social para que se desarrollen de acuerdo a sus derechos?

Que le queda hoy a un muchacho que en los últimos 10 años ha visto a sus padres sufriendo por no poder darles lo básico, peleándose entre ellos y sin trabajo. Qué expectativas les ofrece esta maravillosa sociedad tan exitosa y desarrollada.

Yo no estoy de acuerdo y no quiero guardar un silencio cómplice en este minuto tan triste de mi patria. Los hijos ya no serán más nuestros hijos, como dijo Khalil Giban, ahora sí que serán hijos e hijas, solamente, de la vida.

Vaya para terminar, un desafío para el gobierno actual.

Si de verdad creen que esos jóvenes son completamente imputables; si de verdad creen que son completa y exclusivamente responsables de sus actos y que ya pueden pagar cuando se equivocan, con cárcel y supuestos programas de rehabilitación que nunca rehabilitan a nadie, al menos démosles también el derecho de votar, para elegir así a quienes hacen las leyes que seguramente les terminaran afectando.

Démosles el derecho también a ser elegidos cuando decidan finalmente tomar su destino en sus propias manos y no nos quejemos luego frente a las cada vez más violentas demostraciones de rabia contenida y de desprecio por ésta, nuestra maravillosa sociedad.

Daniel Jadue

Publicado en Cooperativa