¿Cárceles para nuestros niños?

El alcalde de Las Condes nos ha sorprendido una vez más con una propuesta que solo podía venir de un disciplinado militante de la UDI, con esa visión tan sesgada y particular que les otorga el moverse en una burbuja en donde casi no falta nada.

Ante el aumento de la delincuencia en su comuna, la que mayor gasto presenta en sistemas de seguridad ciudadana municipal, nos propone construir cárceles para menores, mostrando un claro y rotundo desconocimiento de los tratados internacionales y de los derechos universales que asisten y protegen a los niños y niñas de todo el mundo, precisamente de personas como él, que pretende encarcelarlos, sin siquiera intentar que la sociedad asuma la cuota de responsabilidad que tiene en la situación que a nuestros niños y jóvenes toca vivir.

Lo primero que hay que decir, es que del total de los delitos cometidos en nuestro país, los perpetrados por menores de edad no representan más del 4%, lo que claramente indica que el autor de la propuesta, al menos, equivoca el diagnóstico o simplemente está desinformado o no le interesa conocer en profundidad los fenómenos de los que opina.

Lo segundo, es que los tratados mencionados más arriba, llaman y obligan a los Estados a proteger a nuestros niños, no a criminalizarlos y mucho menos a tratarlos como sujetos peligrosos cuando se incorporan al mundo del delito, ya que entienden que ellos son simplemente un reflejo de la sociedad en la que han nacido y en la que les ha tocado desarrollarse o salvarse, según sea la mirada con que se aborde la cuestión.

En su propuesta, el mismo que ha guardado riguroso silencio ante los delitos de sus compañeros de partido, no presenta un atisbo de preocupación por aquellos padres y madres de los niños más vulnerables de nuestro país, que no pueden dedicarle tiempo suficiente ni prodigarle el cuidado y el bienestar que quisieran a sus hijos, porque trabajan extensas jornadas cada día, para ganar sueldos que ni siquiera logran asegurar lo mínimo indispensable.

Tampoco hay en sus reflexiones alusión alguna a la responsabilidad que la sociedad tiene en que cientos de jóvenes, niños y niñas, deambulen por nuestras calles pidiendo limosnas, o trabajando de limpiavidrios, de malabaristas, estacionando autos o convirtiéndose en desesperadas víctimas del abuso infantil, para contribuir con unas monedas a la economía familiar, mientras unas pocas familias, que seguramente votan por él, poseen tanto, que podrían mantenerse por la próximas diez generaciones, sin siquiera tener que trabajar.

Tampoco veo preocupación en la propuesta por tratar de dar a todos los municipios las mismas condiciones para atender las necesidades de nuestros jóvenes y niños, considerando que su comuna cuenta con más de setecientos mil pesos por habitante al año, mientras otras no alcanzan a los cien mil, con el impacto que esto tiene en la provisión de educación, salud, cultura y espacios públicos de calidad para acoger los sueños y expectativas de desarrollo integral de los niños y niñas a los que quiere encarcelar.

Deseo compartir con todos ustedes y especialmente con el alcalde de Las Condes, que a diferencia de muchas comunas que han visto aumentar sus índices de delincuencia, Recoleta, con muchos menos recursos, ha visto reducir los propios.

Deseo compartir el hecho de que a pesar de tener menos de la cuarta parte de sus recursos por habitante, hemos invertido en abrir y mejorar espacios y ampliar oportunidades para nuestros jóvenes dándoles la posibilidad de volver a creer y a crear, a soñar y a imaginar. Les hemos dado la posibilidad de alimentar sus pretensiones de validación social destacándose en actividades que alimentan sus sueños en vez de tratar de destruirlos mandándolos a la cárcel.

Hemos abierto nuestros colegios en las tardes y los fines de semana, a través del Programa Escuelas Abiertas, para que ellos y sus familias puedan utilizar esa infraestructura, con talleres deportivos, culturales y recreativos, instalando a nuestros colegios en el corazón de la comunidad y convirtiéndolos en centros de Desarrollo Social y Cultural de sus respectivos barrios.

Hemos puesto a su disposición, de manera gratuita, la infraestructura deportiva por la que antes en las administraciones de la UDI, se cobraba para beneficio de unos pocos y hemos dispuesto un conjunto de dispositivos de contención y apoyo para ellos y sus familias, cada vez que presentan un problema.

Ciertamente no hemos ganado aún la batalla contra la delincuencia, pero hemos logrado un punto de inflexión en los procesos de anomia que sufre nuestra sociedad, apuntando a las causas de los problemas y no a los síntomas, como plantea el Sr. De la Maza, quien para defender el derecho a la gran propiedad privada, solo apuesta a reproducir lo que se viene haciendo hace tantos y tantos años, con los mismos malos resultados.

Nuestra sociedad no necesita más cárceles, sino más escuelas, más parques y más espacios deportivos, recreativos y culturales. Lo que nuestros niños y jóvenes necesitan son más oportunidades y un Estado más robusto y responsable de velar por los derechos básicos como educación, salud, vivienda y trabajo, orientado, precisamente a proteger a los más débiles, a esos pequeños que tanto debemos cuidar y que no tienen la culpa de vivir en una sociedad tan desigual y deshumanizada como la que nos propone De la Maza.