Mujeres protagonistas de sus vidas

Las reacciones que ha generado en nuestro país la recuperación de un derecho esencial de las mujeres, como es el decidir sobre su propio cuerpo y sobre su propia vida en circunstancias tan especiales como las de violación, peligro de vida de la madre e inviabilidad fetal, demuestran que a pesar de todo lo avanzado, nuestro país sigue debatiéndose permanentemente entre el fundamentalismo y la democracia.

Frases como las que hemos escuchado en boca de algunos conservadores de extrema derecha y en representantes de iglesias que pretenden utilizar al Estado para sus propios fines de proselitismo político y moral, no solo rebajan el debate sino que invitan además, a desarrollar en sus adeptos, identidades asesinas que afirman su existencia negando las demás, tratando de convertir a quienes piensan distinto a ellos, casi en la imagen misma del mal.

En todo caso, nada debe sorprendernos, toda vez que los que hoy se oponen a la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales son los mismos que hace 70 años se oponían a que las mujeres votaran por considerarlas ciudadanas de segunda clase.

Son los mismos que hace 30, se oponían al divorcio defendiendo la subordinación absoluta de la mujer al hombre, como cabeza del matrimonio.

Son los mismos que hace 15, se oponían a la igualdad de los hijos nacidos dentro o fuera del matrimonio por considerar a estos últimos, también como ciudadanos de segunda y son los mismo que se oponen a que seamos todos iguales al menos ante las leyes, en temas como el matrimonio y la adopción.

Son también los mismos que se oponen a reconocer el trabajo no remunerado de las mujeres y a pagar lo mismo a mujeres y hombres cuando hacen el mismo trabajo, pues lo que en realidad les importa, es seguir controlando los cuerpos de las personas, para terminar controlando su pensamiento y sus decisiones, siempre con la campaña del terror por delante, siempre planteando que la libertad, con la que tanto se llenan la boca cuando se trata de comprar y vender para aumentar su riqueza, constituye un peligro contra la sociedad, contra las familias y finalmente contra el Estado, que para ellos debe funcionar como un verdadero instrumento de dominación.

En treinta años más, las posiciones actuales de estos grupos conservadores solo existirán en los libros de historia y todo aquello a lo que se oponen hoy, será visto como obvio por la sociedad toda y se recordara, al menos en los textos serios, que en este gobierno de la Nueva Mayoría, liderado por la Presidenta Michelle Bachelet y rodeada de ministras como Claudia Pascual, Paula Narváez, Carmen Castillo y de muchas otras, las mujeres volvieron a ser protagonistas principales de sus propias vidas y aunque en ese tiempo muchas no sabrán de estos detalles, ni de la larga lucha que esto significó, todos los que tenemos buena memoria agradeceremos por siempre la existencia de este derecho, de la Ley de Cuotas con las que hoy la cantidad de mujeres candidatas se ha multiplicado por 4, del Ministerio de la Mujer, de la Gratuidad que beneficia sobre todo a las mujeres que ante la falta de recursos son postergadas por sus propias familias y por las mujeres jefas de hogar que nunca pudieron soñar con educar a sus hijos, porque habían sido abandonadas por hombres ausentes y simplemente no alcanzaba y de tantos otros avances que solo el tiempo nos permitirá aquilatar en su verdadera dimensión.

En estos días no han ganado solo las mujeres, en este gobierno hemos ganados todos y todas porque una sociedad más justa y respetuosa de los derechos y de la dignidad de las mujeres es finalmente una sociedad simplemente mejor.

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