Oh! Jerusalén

El presidente Trump ha decidido, por si y ante sí, poner término al mal llamado proceso de Paz para Medio Oriente, en el cual, el país que preside aparecía como mediador, tomando partido claramente por la potencia ocupante, en uno de los temas más controversiales y sensibles del conflicto.

De paso, se ha puesto a si mismo y a EEUU, al margen de la legalidad internacional y de las decisiones que la Comunidad Internacional, agrupada en la Organización de Naciones Unidas, ha adoptado históricamente para  impulsar una solución pacífica a la Cuestión de Palestina, que se arrastra por más de 7 décadas.

Más allá de las intenciones reales, de política doméstica o de sinceramiento de su posición internacional, que haya tenido este impredecible personaje de la política mundial, este paso, además de dificultar el mal llamado proceso de negociaciones, hará mas difícil también la reconciliación al interior de la arena palestina, radicalizando los estados de ánimo y debilitando a los grupos políticos de carácter más laico y dialogante, en favor de las posiciones más radicales y fundamentalistas.

Paralelamente, el Estado de Israel ha continuado y continuará con su política de construir asentamientos ilegales en los territorios palestinos ocupados desde 1967, ha continuado y continuará con la construcción ilegal del Muro de Segregación y como si fuera poco, seguirá multiplicando a su antojo, los obstáculos a la libertad de movimiento de los palestinos en su propia tierra, como complemento de la política de exterminio físico y político del pueblo palestinos, tantas veces denunciada y condenada, mediante un genocidio de baja intensidad, del cual el mundo es observador y cómplice pasivo.

En este contexto, la ONU ha demostrado estar fuertemente debilitada en lo que a sus objetivos iniciales se refiere.  Que existen en ella naciones y países de primera, segunda y tercera categoría, mientras algunos ni siquiera son reconocidos como tales y que opera como un simple instrumento de dominación mundial, en donde la ley solo es aplicable a los que carecen de poder y que los poderosos y sus amigos pueden ignorarla toda vez que sus intereses lo requieran.  De la misma manera, la Solución de Dos Estados, con la que muchos han soñado y se han llenado la boca durante décadas sin hacer nada para concretarla, luego de 24 años de negociaciones estériles e hipócritas, se ve mucho más lejos de lo que estaba al inicio del proceso y nada hay en el horizonte que permita vislumbrar algo de viabilidad en ella.

Habrá llegado entonces, el tiempo de superar las visiones ancladas en el pasado para dar curso a lo que, hoy por hoy, parece como la única solución viable, que es la construcción de un solo Estado Laico y verdaderamente democrático, para todo aquel que quiera vivir y trabajar para la consolidación de un Estado de estas características y que su existencia y devenir no esté basado en la mantención de un sistema de Apartheid con violaciones sistemáticas a los derechos humanos y mucho menos, en la aniquilación de unos seres humanos por parte de otros.

Habrá llegado el tiempo de ser mucho más radicales que todas las propuestas que insisten en seguir fomentando el odio y una supuesta supremacía religiosa o racial, atreviéndonos de una vez por todas a mirarnos como iguales, a valorar la diferencia como fuente inagotable de riqueza y reconocer a los otros, los mismos, exactamente los mismos derechos que nos reconocemos a nosotros mismos.

Quizá el primer paso deban darlo los palestinos, llamando a un plebiscito en los territorios ocupados, para anexar definitivamente Gaza y Cisjordania al Estado de Israel, para re significar la lucha por la independencia nacional y transformarla en una lucha por igualdad de derechos políticos y sociales dentro del Estado de Israel, de tal manera de ser sujetos depositarios de plenos derechos en lo que algunos osan llamar “la única democracia de Medio Oriente”, aunque sabido es que ninguna democracia puede sustentarse en la ocupación y el genocidio.

Estarán dispuestos a ello los israelíes o una vez más serán incapaces de dotar a sus discursos llenos de falso pacifismo de acciones concretas capaces de modificar la realidad.

Invito a reflexionar para ver, si desde esta parte del mundo logramos instalar una nueva era de fraternidad y paz en esa tierra que lejos de ser sagrada, parece ser una tierra maldita por los dioses, por todo lo que es capaz de generar.

 

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