Womad Chile 2018: El festival que unió a los pueblos

Los últimos años Chile ha abierto su territorio para ser parte del fenómeno mundial de festivales masivos. En 2011 fue la primera vez que Lollapalooza salía de Estados Unidos para embarcarse en una aventura por América Latina. En aquella oportunidad, la venta del ticket bordeó los 55 mil pesos por día y 76 mil por ambas jornadas. El VIP estaba a 120 mil diario. Claramente, esas sumas quedaron en el pasado y hoy podemos hablar de sumas que en determinadas locaciones pueden superar fácilmente los 300 mil pesos dado el fenómeno, y lo que significa para su público, ser parte de un evento de esta envergadura.

Es por esta razón que finalmente el negocio de la música en Chile se traduce en cobrar cifras por sobre los 80 mil pesos para poder “consumir arte”, colocándolos dentro de los países de la región con las sumas más elevadas en este ítem. Dejando a un lado el discurso político y la diversidad de las bandas, es simplemente un buen negocio. Los grupos reciben una suma de dinero por su participación y brindan un show que no necesariamente es bueno. El espacio se transforma en una especie de paseo por el “mall” al aire libre y el tránsito se hace aún más difícil. Finalmente la experiencia se reduce a tomarse selfies con las marcas que adornan el evento y llenar las redes sociales de las mismas.

Bajo esta lógica de consumo, Womad irrumpió y quebró dicha estructura de festival, armando un evento de calidad y que abre las puertas al público chileno a las distintas culturas. No solo por el origen de sus artistas sino por la diversidad de las composiciones.

Sus protagonistas mostraron distintas formas de arte, con un significado muy arraigado en las raíces de sus naciones, derribaron la frontera de los países para comulgar en un solo lugar y generar una mística que muy pocas veces se logra provocar.

En vez de grandes marcas, habían puestos con información sobre energías renovables, talleres de circo, cómics, danza, composición musical, clases de yoga, arte de carnaval, pintura mural, puestos de comida con valores que la gente podía pagar, y lejos lo mejor de todo, totalmente gratuito. Lo único que había que hacer era descargar el ticket en el sitio oficial de Womad Chile.

El único problema es el de siempre con este tipo de iniciativas. Como las grandes marcas no estaban invitadas a la fiesta, la promoción fue escasa, a pesar de los grandes esfuerzos de la producción, que a diferencia de años pasados, reforzó su trabajo ante la llegada masiva de estos nuevos consumidores de música, que un poco a tientas, daban sus primeros pasos en una certamen que no tenía nada que envidiar a aquellos que pueden dejar a una persona pagando todo el año la experiencia.

A eso se deben sumar los atentados políticos previos, que casi logran frenar la iniciativa, como ocurrió un día antes de la inauguración con el conflicto entre los alcaldes de Recoleta e Independencia, que hacían sentir el peligro de la intervención ante tal evento de tamaña envergadura. Donde además de los citados, se vio comprometida la intendencia y los mismos fondos destinados a la actividad.

Uniendo a los pueblos
El espacio geográfico que albergó el evento fue la comuna de Recoleta. Su alcalde Daniel Jadue (PC), en su discurso realzó el trabajo de su municipio por ir involucrándose cada día más con la comunidad extranjera. Por lo mismo este festival tiene un significado aún más potente para él, y es que la principal lucha es la de seguir por el camino de la unión de los pueblos y no por el de la discriminación. No más odio, sino trabajar por unificar a sus habitantes, respetar la diversidad y aprender de las distintas culturas. Womad es el corazón de esta idea de crear una América Latina más unida.

Por eso no fue de extrañar que su edil estuviera presentando a las bandas que adornaron este festival de la diversidad, donde no tuvo nada que envidiar a grandes producciones como Lollapalooza o Primavera Fauna.

Los artistas que estuvieron presentes en los distintos escenarios entregaron otra experiencia y visión de lo que se ha acostumbrado a los chilenos en cuanto a eventos masivos. Todos disfrutaron, bailaron, escucharon atentamente y participaban cuando la canción lo ameritaba. No hubo quejas, solo aplausos desbordados cada vez que terminaba una presentación. Era una instancia de conocimiento, de ver y escuchar distintos ritmos, instrumentos, rasgos físicos y géneros.

La cuarta versión de Womad Chile cierra un ciclo dando cátedra de que no es necesario pagar o endeudarse para disfrutar de buena música, conocer otras bandas que no son las comerciales y además aprender de otras culturas, sintiéndose parte de un territorio abierto a la diversidad del mundo.

Una clase magistral que invita a reflexionar sobre ese discurso que se nos ha hecho creer, que si es gratis no tiene por qué ser bueno.

La vara quedó muy alta, ahora solo queda esperar a conocer con qué nos sorprenderá este gran show del mundo en su versión 2019.

Fuente: ElMostrador.cl

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