Columna de Lucía Dammert: La seguridad como espectáculo

Las imágenes son cada día más importantes. El Presidente dando el banderazo inicial a una noche de redadas policiales buscando a todos aquellos que tengan algo pendiente con la ley, el ministro del Interior participando de una cuidadosa puesta en escena que muestra la deportación de 51 colombianos; son solo ejemplos de una tendencia peligrosa y efectista.

No somos los únicos: Trump en Estados Unidos, Duterte en Filipinas, Salvini en Italia son algunos otros líderes mundiales que aprovechan los temores ciudadanos, la fragilidad de una ciudadanía individualista y autoritaria que finalmente disfruta al ver o leer en 140 caracteres las bondades de las acciones de seguridad cuando está dirigida hacia los demás.

A la basura las miles de páginas que reconocen los peligros de aumentar los estereotipos, de banalizar los procedimientos, de instalar la sensación que castigar es la solución, de construir un “otro” culpable de todo. No importan los resultados sino el efecto inmediato, ya vamos más de 15 mil detenidos en redadas y más de mil deportados dicen las notas de prensa que salen de palacio. Los números por la efectividad, la escena por la política pública, lo rápido por el debate serio. La seguridad convertida en espectáculo no permite debate, responde al sentido común de las personas y entrega al culpable con todo e imágenes que incluyen sus rostros.

El espectáculo requiere audiencia y la hemos construido meticulosamente por más de dos décadas. Ciudadanos encerrados, atemorizados, con poco espacio de interacción, con altos grados de intolerancia, con rápida capacidad para pedir castigo para el otro. Los niveles de desigualdad que tenemos y la fragmentación de nuestras ciudades nos lleva a tener miedo de la diferencia, vivimos en burbujas opacas que no solo nos aíslan sino que tampoco nos dejan ver hacia fuera.

Pedir castigo para el otro es fácil y el gobierno ha encontrado en esta condición de nuestra sociedad un espacio perfecto para “entregar respuestas”. Como todo espectáculo, estas puestas en escena tienen resultados más bien modestos. Las redadas colapsan el sistema y terminan con muy pocos detenidos en proceso pero eso ya no importa. Los migrantes expulsados del país son parte de un proceso cotidiano que todos los gobiernos realizan, convertirlo en noticia de horario central solo sirve para estigmatizarlos. Al parecer eso tampoco es relevante.

El espectáculo inhibe a los detractores. Mientras la puesta en escena se viraliza por las redes sociales y se debate en los matinales, no hay oposición clara, no hay liderazgos alternativos. En el circo romano más vale estar en las galerías, protegidos por la muchedumbre que pide acción, una lástima. Llegará el momento de las evaluaciones y una vez más se dirá que comunicacionalmente la estrategia funcionó pero las consecuencias sociales son profundas e insospechadas.

*Lucía Dammert, académica Universidad de Santiago de Chile

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