«A Confesión de Parte»

No sé si quede alguien que pueda, sin algo de pudor al menos, defender “La Estrategia” del gobierno de Sebastián Piñera para enfrentar la pandemia y la permanencia de Jaime Mañalich al frente de la misma.

“A confesión de parte, relevo de pruebas”, es un axioma jurídico que significa que quien confiesa algo libera a la contraparte de tener que probarlo. Las declaraciones de la semana pasada, del Titular del Ministerio de Salud, junto a los dramáticos cambios en la contabilidad de muertes por COVID 19, efectivamente, liberan a cualquier analista que haya estado convencido del fracaso de este gobierno de tener que hacer un esfuerzo, por mínimo que sea, para demostrarlo.

Sin un ápice de vergüenza, el ministro Mañalich ha declarado que todas las premisas desde las cuales diseñó su estrategia, terminaron derrumbándose como un castillo de naipes.  Ha declarado también, que todos los estudios y proyecciones que lo sedujeron, antes de la llegada del primer caso de COVID 19 a nuestro país, terminaron siendo erradas por lo que hoy, según sus propias declaraciones, navegamos en la oscuridad. 

En cualquier país desarrollado, un Ministro de Salud que hiciera estas declaraciones las acompañaría de una carta de renuncia en la cual asumiera su responsabilidad política. Pero en Chile la arrogancia de la derecha y la sobre ideologización neoliberal los ciega hasta el punto de seguir insistiendo y siendo autocomplacientes,  a pesar del rotundo y trágico fracaso de su gestión.

Lo anterior puede explicar, en alguna medida, la relación que el Ministro de Salud fue desarrollando con algunos Alcaldes y Alcaldesas de Chile durante los primeros meses de pandemia, por nuestro tono crítico y desafiante, cuando preocupados por el curso de la misma y de los estragos que esta podría acarrear si llegaba a los sectores populares, le solicitábamos el cierre de las escuelas y liceos y la cuarentena general durante la segunda quincena de marzo, o cuando les solicitamos el establecimiento de una Renta Básica de Emergencia, que permitiera efectivamente a los sectores populares, quedarse en casa para evitar los contagios. Se negaron a detener la economía y su tozudez terminó por generar la mayor crisis económica de nuestra historia.

«SIN UN ÁPICE DE VERGÜENZA, EL MINISTRO MAÑALICH HA DECLARADO QUE TODAS LAS PREMISAS DESDE LAS CUALES DISEÑÓ SU ESTRATEGIA, TERMINARON DERRUMBÁNDOSE COMO UN CASTILLO DE NAIPES.  HA DECLARADO TAMBIÉN, QUE TODOS LOS ESTUDIOS Y PROYECCIONES QUE LO SEDUJERON, ANTES DE LA LLEGADA DEL PRIMER CASO DE COVID 19 A NUESTRO PAÍS, TERMINARON SIENDO ERRADAS POR LO QUE HOY, SEGÚN SUS PROPIAS DECLARACIONES, NAVEGAMOS EN LA OSCURIDAD.»  DANIEL JADUE.«

Prefirieron, además, el espectáculo vergonzoso de las cajas de mercadería, compradas, la mayoría de ellas, a unos pocos grandes empresarios en desmedro de las pequeñas y medianas empresas de barrio que agonizantes mendigan un crédito a la banca para “salvarse”, asegurando los costos operacionales y sus ganancias a los mismos que la dictadura salvó con el dinero de todos los chilenos en la década del 80.

La arrogancia que los caracteriza, los llevó a negar todo rol a la Salud primaria en la crisis, impidiéndonos la posibilidad de manejar los datos para hacer el seguimiento a los contagiados y trazar los contactos estrechos de los mismos. Se lo propusimos la segunda quincena de marzo, cuando los casos recién llegaban a 1.500 y los fallecidos no llegaban a los 20.   Se nos trató de acallar con la ayuda de algunos Alcaldes de Gobierno, diciéndonos que estábamos incitando a la autoridad a cometer un delito pues el secreto de los pacientes era inviolable.

Hoy, con más de 130 mil casos y 2 mil fallecidos, las excusas han desaparecido y las vueltas de carnero que han caracterizado las apariciones del Ministro, están a la orden del día. Se reconoce ahora el indispensable rol de la salud municipal y se nos pide que asumamos el seguimiento de los casos nuevos y la trazabilidad de sus contactos estrechos. Una vez más llegaron tarde,  jugando con la salud y vida de cientos de miles de chilenos y chilenas.

Siempre la respuesta vino desde esa arrogante burbuja en la que viven la mayoría de nuestras autoridades del nivel central, que como lo ha dicho el mismo Ministro no tenían conocimiento y mucho menos conciencia de los niveles de hacinamiento y pobreza en nuestro país.

Es en este contexto en donde también surge la llamada a un nuevo Acuerdo Nacional como una operación comunicacional que busca blindar al gobierno y permitirle desarrollar su agenda secreta y evadir su responsabilidad.

Aun no se dan cuenta de que ya no es tiempo para operaciones comunicacionales.  Desde las distintas Oposiciones así como desde Fundaciones y Centros de Estudios y Asociaciones Gremiales de la Salud, se les han hecho llegar innumerables propuestas para cambiar la estrategia y la respuesta ha sido siempre la misma. 

Todo lo anterior, así como el reciente cambio de Gabinete que vino a ratificar la Estrategia,  nos lleva a desconfiar profundamente de las reales intenciones de los constantes llamados que realiza la derecha, sobre todo cuando sabemos que tienen todas las herramientas, las atribuciones y las potestades para enmendar, sin necesidad de perder tiempo en redactar documentos y crear nuevas instancias para lo que ellos llaman “el diálogo”, pues por si aún no lo entiende el nombre de Parlamento viene precisamente de parlamentar, y ese el lugar donde debe darse cualquier diálogo.

Quizá lo que falta es que el Gobierno mande iniciativas o tome decisiones que incorporen la visión de las distintas oposiciones, demuestren verazmente un mínimo convencimiento acerca de la necesidad de un cambio de estrategia sanitaria, económica y social.

Nuestro pueblo ya no está para seguir esperando acuerdos cupulares que nunca se traducen en mejoras concretas a su condición y menos para ver unidad donde no la hay.

La soberbia y la mentira del gobierno nos han llevado al peor escenario en el manejo de una pandemia. Las escandalosas cifras de contagiados por millón de habitantes es consecuencia de una estrategia errada y poco transparente que ellos mismos han reconocido. La porfía del gobierno tendrá, lamentablemente, duras consecuencias para el país entero.    

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